El desarrollo de la economía mundial, a lo largo de su historia moderna –capitalismo- es desigual porque el modo de producción capitalista basado en el crecimiento por el crecimiento, no persigue la satisfacción de las necesidades sociales, sino el intercambio rentable como un fin en sí mismo. Los productos de este modelo no son sociales y a la vez lo son, sino el beneficio del Capital.
Este crecimiento, sin fines sociales, muestra el rasgo característico y a la vez paradójico del capitalismo: “la ausencia de una prosperidad general, en medio de una plenitud material”. El capitalismo no es sólo un problema de distribución desigual, sino que su verdadero problema, el corazón del mismo, deriva de la forma valor de la riqueza, lo cual hace que este sistema tenga una deriva permanente hacia productividades siempre incrementadas.
Otra de las consecuencias de este sistema de crecimiento, de producir por producir, es la acelerada destrucción del entorno natural.
El crecimiento exige ritmos diferentes en las distintas zonas del mundo, en los diferentes países, en las regiones y en las diferentes clases sociales. Las brechas, los destrozos, las injusticias, etc. Producidas, son explicadas como las consecuencias no deseadas de la acción del crecimiento, del modelo.
Es un desarrollo económico no sólo desigual sino combinado, porque el mayor desarrollo de unos (países centrales, clases dominantes, poblaciones beneficiarias de esos primeros mundos) se sustenta en la dependencia endémica –menor desarrollo- de los otros, y de esta articulación surge el marco necesario estructural –orden social mundial- para sostener la acumulación mundial liderada por los países centrales.
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El desarrollo desigual se encuentra asociado a:
- Transferencias de excedentes (es decir, de plusvalor) de los países –regiones, áreas, etc.-subordinados a los centrales, a través de formas comerciales, financieras, productivas o tecnológicas.
- La estructura productiva y de distribución y laboral de los países subordinados se adecua a la división internacional del trabajo, la cual está condicionada por la acumulación del capital en los países centrales y en las empresas transnacionales.
En la fase de la economía mundial (globalización) el modelo de acumulación capitalista persigue el objetivo central –y lo consigue- de aumentar la tasa de ganancia a nivel mundial, mediante una profunda reconversión tecnológica –sobre todo en los países centrales- y en un deterioro –precarización- de las condiciones de trabajo a nivel global y con especial violencia en los países dependientes.
Algunas cifras que miden en términos estadísticos estas relaciones desiguales:
- 3.000 millones de personas viven con menos de 2$ al día.
- Más de 800 millones de personas, cerca del 20% de la población mundial, se mueren de hambre (lo que la FAO califica de “genocidio silencioso”).
- El desempleo afecta a 180 millones de personas en el mundo, la cifra más alta de la historia.
- El subempleo –economía sumergida-, concentra a más de 1000 millones de personas.
- Centenares de millones de niños y niñas en el mundo se ven obligados no sólo a trabajar sino a hacerlo en régimen de esclavitud formal y material.
- Centenares de millones de personas han sido arrancadas en las dos últimas décadas –fase de expansión del capitalismo global, sobre todo por la extensión de las empresas multinacionales-transnacionales-, de sus modos de vida y de subsistencia tradicionales, siendo arrasados o catastróficamente arruinados sus hábitats ancestrales.
- Más de 100 millones personas se ven obligadas a elegir entre morirse literalmente de hambre o acostumbrarse a la “subordinación necesaria” en un ejercicio de racionalidad económica en los mercados de trabajo de los países desarrollados. Inmigración económica.
- Dos tercios de la población activa femenina del mundo “en desarrollo” trabajan en la economía informal.
- El círculo vicioso de pobreza y discriminación de género, comienza en e seno de la familia y se extiende a lo largo de toda la vida. Esta discriminación contribuye a la feminización de la precariedad, la pobreza y a la perpetuación de una generación a otra.
- 2.000.000 de personas mueren cada año, debido a causas relacionadas con el trabajo (fundamentalmente en los denominados “Tercer Mundo”).
La lógica de la desregularización, sigue de forma impecable las reglas del mercado: libertad de movimiento de los capitales (globalización) y destrucción de lo público como bien esencial de las poblaciones, ahora bien, esta desregularización desde la óptica neoliberal no puede ser de otra manera y se tiene que tener en cuenta que aquello que destruye en los momentos actuales, anteriormente fue creado y construido por este mismo sistema de producción y reproducción (el ejemplo de los Estados de Bienestar, nos vale) .
La desregularización de los mercados monetarios, es precedida por la eliminación de trabas a la libre entrada y salida de capitales, con lo cual, los Estados pierden, sino toda capacidad reguladora, aquella que determina orientar los flujos económicos bien con políticas monetaristas (control de gastos), bien con políticas que actúen sobre los ingresos.
Las privatizaciones de los servicios públicos esenciales para la población (agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, educación, cultura) más el despegue absoluto de cualquier regla reguladora del capital financiero, en primer lugar y como segundo paso, la apropiación y explotación por las transnacionales, las transformaciones en la gestión de la mano de obra, etc., nos da un resultado en donde no sólo cambian las formas sino los sujetos colectivos.
Lo que se encuentra en vías de desaparición es el espacio de la(s) empresa(s) como el espacio de las negociaciones y los acuerdos que aseguran una estabilidad a los vínculos laborales y con ese espacio lo que se acaba es el sindicato como actor privilegiado en dichas negociaciones y acuerdos.
Lo que se denomina mundialización (globalización) podemos observarlo desde el ángulo de una aceleración y una ampliación de las posibilidades de combinación entre medios productivos y fuerza de trabajo.
Unos (máquinas) y otros (seres humanos), tienen abiertos ante sí un campo de articulaciones múltiples infinitamente más rico que en períodos precedentes. Pero la multiplicación exponencial de esas posibilidades ha pasado y seguirá pasando por la normalización, homologación y comparaciones generales de las dimensiones atadas en las situaciones de empleo.
Desde el lado del trabajador/a, sus remuneraciones, la formación, las cualificaciones, promociones, posibilidades de acceso, etc. ¿Qué sucede en este modelo mundializado? Que estos estatus (precios de mano de obra globales) se prestan a múltiples combinatorias precisamente porque cada una de esas dimensiones (salarios, promociones, cualificaciones, etc.) ha sido aislada de las demás, normalizada y homologada en escalas cada vez más amplias a través de instituciones y agentes sociales, políticos e institucionales de un alcance cada vez mayor. Es decir han sido normadas o reguladas.
Hoy no existe “iniciativa” e “innovación” productivas posibles al margen de la actuación racionalizadota de agentes políticos-institucionales que desbordan, y que no se integran formalmente en el marco jurídico del contrato de trabajo individual.
¿Cuál es el asunto entonces? Que los nudos del empleo ya no se ligan a un asalariado con una organización de forma estable, destruyendo de esta manera la estabilidad del vínculo del asalariado con las empresas, con el sector, lo que subyacía tras el papel desempeñado por…los sindicatos. Lo cual no significa su desaparición, como tampoco desaparece ni la clase de los asalariados ni los conflictos que su existencia multiplica, necesitando de algún tipo de gestión político-institucional de los mismos.
Las relaciones sociales en las que nos creamos y recreamos aparecen hoy infinitamente más abiertas en potencialidades que hace cincuenta años. No obstante, estas potencialidades (movilidad geográfica y laboral, recombinación flexible y revisable de las frecuencias y los ritmos de trabajo, etc.) nos son devueltas en la forma de precariedad e incertidumbre.
Las privatizaciones, las desregulaciones, la globalización económica, la concentración de capitales y su actuación transnacional, sirven a un modelo de crecimiento específico, el capitalista, por eso decir que dichas privatizaciones, desregulaciones, etc., son un robo, al transferir a los ricos la propiedad de los pobres, no es sino mostrar una de las consecuencias, pero no nos sirve en términos estratégicos para interrumpir la lógica económica y política del capitalismo. Lo mismo cabría decir de la bipolarización de la sociedad entre ricos y pobres, entre incluidos y excluidos, la cual crece a un ritmo exponencial como consecuencia de la mundialización-globalización, haciendo desaparecer el colchón amortiguador de lo que se denomina en los países ricos “la propiedad social o Estado del Bienestar” y que antes le fue necesario crearlo.
Algunos reputados autores (economista) americanos se preguntan que porque habría que oponerse “al trabajo barato, a los malos empleos y a los malos salarios” que pagan las grandes compañías transnacionales en el Tercer Mundo, cuando invierten allí o deslocalizan partes de su producción en ellos y su respuesta es simple y pragmática: es mejor malos empleos y malos salarios, que no tener empleo ni salario alguno. Es muy interesante analizar y conocer el argumentario que les lleva a esa conclusión.
“Los beneficios que el crecimiento económico sustentado en la exportación acarrea a la masa de la población en las economías que se están industrializando están fuera de discusión. Un país como Indonesia es tan pobre que su progreso puede medirse según la cantidad de comida promedio que ingiere una persona. Desde 1970, la ingesta per capita ha crecido de 2.100 calorías diarias a más de 2.800. Un llamativo tercio de los niños está todavía mal alimentado, pero en 1975 estaban más de la mitad. Mejoras parecidas se han registrado por toda la cornisa del Pacífico, incluso en sitios como Bangladesh. Esas mejoras no han tenido lugar porque gente bienintencionada de Occidente haya hecho algo para ayudarles(la ayuda exterior, nunca abundante, ha decrecido últimamente hasta desaparecer). Ni es el resultado de las políticas benignas de sus gobiernos nacionales, encallecidos y corruptos como siempre. Es el resultado indirecto, y no pretendido, de las acciones de empresas multinacionales desalmadas y de rapaces empresarios locales, cuya única preocupación es aprovecharse de las oportunidades de beneficio que ofrece el trabajo barato. No es un espectáculo edificante; pero, con independencia de los ruines motivos de las partes implicadas, el resultado ha sido mover a centenares de millones de personas de una situación de abyecta pobreza a algo que es todavía terrible, pero significativamente mejor” (Paul Krugman, 1998)
Las fracturas, las desigualdades, así como las vertebraciones, son una consecuencia, no la causa del problema.
Si la riqueza es una relación social, no la acumulación de cosas (mercancías) de forma privada, eso nos obliga a un compromiso político de luchar por garantizar lo esencial para todos y todas.
RELACION ENTRE LAS NUEVAS FORMAS DE GESTION DE LA MANO DE OBRA Y LAS REFORMAS DEL MERCADO DE TRABAJO.
La nueva organización del trabajo ha exigido cambios en el instrumento contractual laboral (el estatuto protector del trabajo asalariado) y en su regulación por el Derecho del Trabajo.
El mercado de trabajo, desde la reforma del año 1984, se constituye sobre el principio de la precariedad.
Hoy, sumada la población parada (10,93% -2.092.600- de la Población Activa) más la población con un contrato precario (30,36% - 5.176.000- de la Población Activa), nos encontramos que el 40% de la población activa, tiene una relación débil, frágil e insegura con el mercado de trabajo.
La norma -leyes laborales- y, las prácticas sociales de los empresarios, han contribuido a la actual fisonomía del mercado de trabajo asalariado.
El derecho laboral, como factor corrector de la subalternidad del trabajo dependiente, -de la relación salarial-, ha retrocedido.
La precariedad, la arbitrariedad, “la contingencia y la aleatoriedad” son el lazo que estrangula al trabajador/a con el empleo, es decir, una seña de identidad del salariado mismo.
Esta precariedad se encuentra inscrita en la escisión entre medios de producción y fuerzas de trabajo y conforma la clave de bóveda de la “inmensa acumulación de mercancías” que caracteriza a las sociedades capitalistas modernas. La intensificación de la productividad del trabajo, además, es la condición sine qua non, para que la posibilidad de una formación social no estructurada por la relación salarial (por el salariado), se haya convertido históricamente en algo más que una utopía.
El actual mercado de trabajo configura una nueva norma social “donde el individuo, ni como trabajador, ni como miembro de una clase, ni como generación –menos aún como género-, puede prever de modo alguno como evolucionará su empleo y sus condiciones de trabajo y de vida”.
Hoy, en los mercados actuales de trabajo, coexisten segmentos muy amplios o zonas de trabajo, donde su relación laboral no se encuentra regida por el derecho laboral, sino exclusivamente por el mercantil.
En estas zonas, la ilegalidad es notoria y la pérdida de capacidad de negociación de las condiciones de trabajo, conlleva efectos de precarización, no sólo del trabajo sino de vida. Su realidad estructural –la de estos segmentos-, sólo resulta inteligible –sociológicamente hablando-, en relación con los otros, con aquellos donde el derecho laboral rige aún bajo nuevas formas y a partir de nuevos actores.
Los trabajadores/as precarios/as configuran una conciencia de individualidad, escépticos con el sindicalismo, debido a la ruptura del vínculo estable del trabajador con la organización.
El sindicato necesita de ese vínculo estable para poder operar y al no existir, se tienen que encontrar nuevas políticas sindicales para acercarnos a estos nuevos actores colectivos.
Al abordar las nuevas formas de gestión de la mano de obra: la descentralización productiva y su relación con la precariedad laboral, estamos problematizando la realidad y buscamos conseguir varios objetivos:
- En primer lugar, conocer cuales son las relaciones entre los distintos colectivos (estables-fijos, temporales, precarios, subcontratados, etc.) y la legalidad que rige las relaciones laborales.
- Y, en segundo lugar, dotarnos de argumentos suficientes y ser capaces de enfrentarlos a la lógica de la externalización y su correlato sobre la precarización del mercado de trabajo.
A pesar de la ausencia de legalidad y más aún, la carencia absoluta de legitimidad social, de las flagrantes prácticas empresariales de ilegalidad, la legislación laboral tiene vías de protección de los derechos de las personas trabajadoras precarias.
Varias razones avalan la anterior argumentación. Una, que la misma existencia de legislación laboral es opuesta a la noción de un campo absolutamente desregulado y flexible. Y, otra, que la figura de cesión ilegal de mano de obra, tráfico prohibido de trabajadores/as, debe ser invocada en la práctica sindical con bastante más frecuencia de lo que habitualmente lo hacemos.
El problema de la precariedad es un problema político-social de cómo se constituyen en la sociedad moderna de economía globalizada, las relaciones laborales en los mercados de trabajo monetarizados y en los mercados no monetarizados.
La precariedad es una ausencia de derechos porque los mismos sé desregulan de las normas, es decir se eliminan o mitigan –mercados monetarios- y se esconden, no se visibilizan –en los mercados no monetarizados-, y en consecuencia se vacían las relaciones laborales de derechos democráticos y las relaciones sociales desaparecen.
La precariedad es responsabilidad del modelo de relaciones de producción donde las mismas nos han sido impuestas unilateralmente por parte de los Estados o gobiernos de turno, y por quienes no cuestionan esta lógica -los partidos institucionales y los sindicatos mayoritarios-, sino es desde el lado de hacerla más “simpática” o dicho en su jerga más racional, más “humana”.
LA PRECARIEDAD VISTA NO SOLO COMO PROBLEMA SINO COMO ELEMENTO COMUN QUE ESTABLECE LAS CONDICIONES DE VIDA DE UNA GRAN PARTE DE LA POBLACION Y CONTIENE EN SI MISMA EL PRINCIPIO DE ESPERANZA.
- Las transformaciones operadas en las formas de organización empresarial en una economía globalizada, han transformado las relaciones salariales. Estas transformaciones operan sobre las personas asalariadas que asisten perplejas a la conversión que se ha llevado a efecto del trabajo. El trabajo especializado se ha convertido en mera disponibilidad para el empleo (empleabilidad).
- Estas transformaciones incrementan la diversidad e inestabilidad de las situaciones y condiciones de trabajo y de la inseguridad e incertidumbre de quienes trabajan por causa de la discontinuidad del empleo y de la carencia de aplicación de su estatuto protector.
- Las relaciones salariales modernas se adaptan. La desregulación contiene la flexibilización del mercado de trabajo y un reordenamiento autoritario de dichas relaciones (ausencia de derechos, ausencia de democracia)..
- La organización del tiempo (el mediado por el mercado y aquel otro que está fuera) se construye sobre un tiempo íntegramente útil para la empresa, para los mercados monetarios, donde el tiempo de trabajo y de vida sea un tiempo plena y permanentemente productivo.
- Las nuevas formas de organización empresarial -descentralización productiva-, multiplican los centros de imputación de cargas y responsabilidades y al diversificar los poderes de organización, desorganizan el patrón clásico de la figura del empresario –sujeto imputable del conflicto de intereses-. Nos resulta difícil conocer la identidad y la ubicación del titular de los derechos y deberes nacidos de la relación salarial porque en los sistemas estructurales actuales, la empresa misma, su unidad, tiende a difuminarse, y así se pierde la transparencia que el principio de seguridad jurídica pide.
- La Empresa, su unidad, queda convertida hoy en un nodo dentro de una red. En ese nodo se anudan de forma coyuntural, ciertas operaciones, ciertas secuencias de procesos de producción y laborales entorno a distintas combinaciones de automatismos y capacidades laborales. Todos esos elementos conjugados en la empresa (operaciones, procesos, automatismos, capacidades laborales) se continúan hoy fuera de ella en sus propios ritmos: la supervivencia en el tiempo de dicha unidad como tal, se encuentra subordinada a las evoluciones permanentes de los mismos. Aquí reside el secreto de las deslocalizaciones y la externalización.
- El conflicto no desaparece pero se complejiza al disolverse en una red de telaraña, cuyo efecto social más inmediato no es otro que el de acrecer la posición de fuerza de las gerencias, de las empresas, del capital.
Enfrentarse al capitalismo exige no sólo combatir el trabajo asalariado en su forma social actual y en su manera de gestión, sino que requiere de una voluntad práctica de combatir la asignación obligatoria del trabajo de cuidados a las mujeres y generar contrapoderes que se muevan en otras lógicas de constitución de las relaciones sociales.
Referencias Bibliográficas:
“Globalización y neoliberalismo: ¿un futuro inevitable? Concepción Ortega y María José Guerra (coordinadoras), Editorial NOBEL 2002
Encuesta de Población Activa. II Trimestre de 2004. INE
“La racionalidad económica y la secularización” Andrés Bilbao. Revista de Investigaciones Sociológicas (REIS) nº 74. 1996.
“Curso sobre la historia del Pensamiento”, realizado con el profesor Andrés Bilbao, en los primeros años de la década de los 90.
“¿Qué esconde el trabajo? VV.AA. De próxima aparición y publicación por la Editorial de Traficantes de Sueños”.
Comentarios críticos de Jorge García (sociólogo y profesor de la UCM) al texto originario, los cuales se han incorporado al mismo. Gracias.
Este texto lo realice hace un par de años y de ahí que las cifras, estadísticas, reflejen la realidad de esos momentos. He preferido mantener el texto en sí, porque su actualización coyuntural a la realidad global existente, no modifica el análisis sobre lo que he denominado “fundamentos del desarrollo capitalista”.
Al texto le falta un análisis sobre las relaciones de poder que si bien se encuentran implícitas en su retórica, no son estudiadas en profundidad. Creo que en los debates, a partir de los textos que se nos han brindado, saldrán suficientemente.
Desiderio Martín – Militante de CGT